El efecto halo y 4 claves para causar una buena primera impresión - María del Olmo

El efecto halo y 4 claves para causar una buena primera impresión

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Solo tienes 7 segundos. 

Hace dos décadas la capacidad de atención se situaba en doce segundos, después se redujo a ocho y, ahora, estudios recientes afirman que la capacidad de atención sostenida en un mismo estímulo se está reduciendo. Ahora solo dispones de siete segundos o, incluso de cinco segundos, para causar una buena primera impresión.

Y de esto te vengo a hablar, del efecto halo y las 4 claves para causar una buena primera impresión y no perder adeptos por el camino en el tiempo que se tarda en contar de uno a cinco. 

El efecto halo: qué es y por qué vas a flipar

Nos guste o no, las personas juzgamos. Aunque no nos conozcamos bien, aunque nos falte información, juzgamos y nos guiamos por la primera impresión. 

Seguro que alguna vez has escuchado o dicho aquello de “Uy, cuando te conocí, me pareciste un imbécil” o “me ha caído genial, es muy simpática”. 

Esto, en psicología, lo conocemos como el efecto halo: un sesgo cognitivo (una impresión errónea) con el cual tendemos a generalizar sobre alguien o algo condicionados por el primer impacto, por la primera impresión que nos ha dado.

 

“No hay una segunda oportunidad para causar una primera impresión”.

Oscar Wilde.

Un poquito de práctica

Para que entiendas bien el efecto halo, vamos a jugar un poco.

Imagínate a una persona A, que es inteligente, trabajadora, impulsiva, crítica, obstinada y envidiosa.

Ahora descríbela con dos frases. ¡No vale volver a leer!

¿Lo tienes?

 

Imagínate ahora a una persona B, que es envidiosa, obstinada, crítica, impulsiva, trabajadora e inteligente.

Descríbela con dos frases. Eh, ¡que no vuelvas atrás!

 

¿Cuál de las dos personas crees que tiene más cosas positivas?

3, 2, 1…

No sé qué habrás dicho, pero es bastante probable que te hayas decantado por la persona A.

Y no es de extrañar, pues es lo que avala el estudio de Solomon Asch* que ratifica esa primera impresión.

Si vuelves a leer las características de cada persona, verás que son las mismas. Simplemente, el orden es distinto.

En la persona A, te he dicho los adjetivos positivos primero mientras que, en la persona B, iban en primer lugar los negativos.

Los primeros adjetivos, la primera impresión han condicionado tu opinión. Y este es el poder de las primeras impresiones y del efecto halo.

A tod@s nos pasa.

Si nos cae bien una persona, tendremos más simpatía hacia ella, nos gustará lo que dice.

Sin embargo, si nos parece antipática, soberbia (pon aquí el adjetivo negativo que quieras) aunque diga exactamente lo mismo, seguramente ya no estaremos tan de acuerdo con lo que nos explica.

Entonces, ¿cómo aplico el efecto halo a la comunicación? ¿Cómo causo una primera buena impresión?

Cuando te comunicas, solo el 7% de toda tu comunicación se construye a través de las palabras. El resto está formado por tu lenguaje corporal (el 55%) y la paralingüística (el 38%).

¿Y esto, qué quiere decir, María?

Que además de las palabras, tienes que cuidar tus gestos, tus pausas, tus miradas, etc., porque todo ello influye en tu comunicación y de ellas dependerá que causes (o no) una buena primera impresión. 

 

Ayúdate de estas 4 claves:

1. Cuida tu apariencia.

Si hablamos de apariencia, la higiene personal es un aspecto fundamental: la ropa, el pelo, la cara… En general, cuando quien te habla ha invertido un tiempo en arreglarse antes de hablar ante la cámara, le das mayor credibilidad y te gusta más.

¿Por qué?

Porque nos gusta que muestren interés. De lo contrario, salir ante la cámara de cualquier manera, es una falta de respeto.

En cuanto a la ropa, intenta que se ajuste a ti y no contenga detalles que puedan distraer a tu público. 

2. Muestra seguridad.

Si estás demasiado insegura ante la cámara, no transmitirás confianza y, por tanto, perderás credibilidad. ¿Cómo pretendes que te compren si ni tú misma crees lo que estás vendiendo?

Presta atención a los gestos que delatan tu inseguridad para saber controlarlos. Y, lo más importante: para que los demás lo hagamos, ¡empieza por confiar en ti!

3. Sé auténtica.

Nunca me voy a cansar de repetirlo: la autenticidad es un valor que se cotiza al alza ¡SÉ AUTÉNTICA!

Muchas personas, para esconder esa inseguridad de la que te hablaba, se ocultan tras una fachada de falsa seguridad o prepotencia y eso no hace más que alejarlas de la audiencia.

Muéstrate tal y como eres.

Si quieres que confíen en ti, sé transparente, déjate de perfiles buenos y…. ¡Sal para que te veamos, nena!

4. Exterioriza el entusiasmo y la energía.

Nos gustan las personas proactivas, enérgicas. Aquellas que llenan su discurso con entusiasmo y transpiran pasión. 

Para ello – que quede clarinete – no digo que te pongas a hacer aspavientos, ni a teatralizar Shakespeare pero debes transmitir pasión por aquello que estás hablando. 

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* Asch, S. E. (1946). «Forming impressions of personality.». The Journal of Abnormal and Social Psychology, 41, 258-290.

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